lunes, 12 de mayo de 2008

El rey me ha decepcionado

Venia últimamente dando nuestro monarca una de cal y otra de arena. De todos es sabida la simpatía que ha movido a nuestro Rey por los politicos socialistas y la poca sintonía que tuvo con Aznar y con Calvo Sotelo. Suarez fue un caso aparte.
El caso es que ahora ha manifestado su profundo aprecio por el Presidente electo de nuestro gobierno, el Sr. Rodríguez Zapatero. Con carácter general, no me importa por quien siente aprecio el Rey o deja de sentirlo, siempre que eso no se manifieste en una clara ventaja o desventaja para el destinatario de esos sentimientos, pero el hecho de que lo haya manifestado publicamente, olvidando su obligación de neutralidad, nos pone a los que nos parece que el presidente electo no está trabajando por el bien de todos los españoles y descaradamente favoreciendo y en muchos casos perjudicando a quienes por un lado le apoyan y por el otro le critican.
Los objetivos del Sr. Rodríguez estarán claros para el Rey pero muchos españoles nos hemos sentido engañados y traicionados por este señor, y la impresión que tenemos es que entre sus objetivos está el borrar a los catolicos de la vida pública y destrozar esta nación que solía llamarse España. Yo no sé que principios tendrá ese señor o si será fiel a esos prinicipios, y ese es parte del problema, porque como no sé cuales son tampoco puedo saber si es fiel a ellos o no, solo sé lo que veo, y es que dice una cosa pero hace la contraria. Es un señor que se llena la boca de palabras vanas y grandilocuentes pero que no actua con la misma grandeza de miras que proclama, y que hace amenazas, más o menos veladas, a aquellos que no comulgan con sus ruedas de molino.
Pero yo si sé cuales son mis principios y me identifico con aquellos que creo que los defienden. Y mis principios son la defensa de la vida, y estoy en contra tanto de la pena de muerte como del aborto, la defensa de las libertades, siempre y cuando la libertad de uno no implique la falta de libertad de otro, y la defensa de mi patria. Sí, soy patriota, creo en España, me siento, cada vez menos, orgullosa de ser española, y me apena ver como se desgaja este país en vez de unirse. Hay un riesgo evidente de balcanización, solo que aquí no habrá lucha. Acabamos de celebrar el dos de mayo, pero no veo a mis conciudadanos dispuestos a levantarse en armas contra la disolución de España, más bien los veo como buitres esperando a ver que pueden sacar del difuntos.
Es una pena. Y el Rey está enfangado en todo este proceso por haber tomado parte por aquellos que lo promueven. Hay quien sugiere que tiene algo que ocultar y esto no es más que un pago por el silencio. No lo se. Solo se que desde hace tiempo tengo la impresión de que el Rey ha perdido el oremus, vamos, que está gaga, y que debería abdicar porque ya no está en condiciones de reinar. A pesar de los viajes a Ceuta y Melilla, de su adhesión a las celebraciones del dos de mayo, todo me parece un brindís al sol, gestos sin profundidad.
Estos días estoy leyendo las memorias de Julian Marias. Si el pobre levantara la cabeza no daría credito ni a sus ojos ni a sus oidos. Él, al menos, hubiera tenido alguna oportunidad de contrastar la versión. Los ciudadanos de a pie, no. Solo vemos lo que vemos, y lo que vemos cada vez nos gusta menos. Nos sentimos decepcionados.
Cada vez pienso más a menudo que si tuviera oportunidad de marcharme de este país, que ya no es España, me iría.
So long, farewell, adieu, tchüss, adio...

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